Cuento

Siento que soy el responsable de contar esta historia de amor. Creo, sin ninguna duda, que fui la persona que estuvo en el momento exacto, con las personas adecuadas, y con la suficiente capacidad de atención para presenciar tal demostración de afecto. 
 La historia comienza el viernes 04 de mayo del 2012. Recuerdo aun, el frío de aquella noche; cómo intentaba de esconderme bajo mi bufanda, y como aceleraba el paso para que el trayecto de mi facultad hasta la terminal de colectivos fuera más rápido. Hacía ese recorrido desde hacía ya un año, todos los lunes, miércoles y viernes a las nueve y media de la noche. En la terminal, empieza el recorrido de la línea A, y la mayoría de las personas que lo toman son estudiantes que no viven en la ciudad. En mi caso, mi hogar se encuentra en el límite de la ciudad
con los pueblos de los alrededores. Esa noche, tomé el colectivo como siempre. Estaba casi vacío. Sólo había un joven con auriculares sentado casi al fondo, una señora de cabello teñido de rubio ubicada en la mitad del colectivo y un anciano que ocupaba el asiento de adelante. 
  Luego de que el vehículo arrancara, me puse a leer un ejemplar de La Sonata a Kreutzer de Tolstoy. La señora, pude ver, frotaba sus manos para quitarse el frío, el anciano tosía fuertemente y el joven seguía escuchando su música, desconectado totalmente del mundo en el que los demás nos encontrábamos. 
 En la primer parada, una chica de quizás veinte años subió. Tenía cabello rubio ondulado. En el momento, no alcancé a ver el color de sus ojos, pero no así el de su ropa que era de colores claros muy bien elegidos. Definitivamente, tomaba mucho tiempo en vestirse, demostraba un perfeccionismo en cada detalle, desde los aretes que llevaba, hasta los cordones de las zapatillas que se combinaban con los brazaletes y la cinta que llevaba en el cabello. Como cualquier persona, subió con indiferencia al colectivo, pero recuerdo que esta indiferencia culminó con una sonrisa. Pero no una sonrisa de felicidad,
sino una forzada mezcla de alegría y sorpresa. Caminó hacia el fondo. Pude escuchar por primera vez su voz, que decía:
-¿Cómo estás?¡Tanto tiempo!
Una voz masculina le respondió:
-Muy bien, ¡que alegría verte! ¿qué hacés por acá? 
Sin darme vuelta, me di cuenta que no podía tratarse de alguien más que el chico de los auriculares. Era el único que estaba allí
sentado. 
-Muy bien-contestó ella- yo estoy volviendo de la facultad.
-Entonces estudiás medicina.
-Dentista
-Que bien. Está muy bueno ¿verdad? 
Noté que la chica, pese a que podía, no se había sentado al lado de su compañero, sino en el asiento de atrás. 
-Sí, está muy bueno, es muy difícil, y me la paso estudiando, pero la carrera me encanta. 
-Me acuerdo que a vos te iba muy bien en biología.
-Que memoria. 
-Y si vos me explicaste más de una vez, yo nunca entendía nada. 
-¿y vos que hacés acá?
-Empecé a trabajar. Hoy fue mi primer día. 
-¿si? ¿en dónde?
-En una juguetería.
-¡mirá vos! que divertido
-No tanto, no me aguanto mucho a los nenitos
-Que aburrido que sos
-Nunca me gustaron los niños chiquitos
-¿Por? son muy tiernos
-A mi me parecen asquerosos, insoportables, una copia de nosotros mismos, pero si nosotros somos tontos, ellos son más tontos,
feos, sucios e insoportables. Y además, tienen la inmunidad de que pueden decir lo que quieran porque total son niños.
-Es que los niños son el futuro. 
-Nosotros somos el futuro, el presente y el pasado. 
-Hay, hablás como un político. 
El chico se rió. Hubo un silencio, y luego la muchacha le preguntó
-Entonces ¿vos no tendrías hijos? 
-No. Nunca. ¿Vos?
-En algún futuro, pero ahora soy joven 
-Por supuesto. 
-Y a lo mejor, vos en algún futuro, también quieras tener. Es obvio que ustedes no quieren tener hijos a esa edad.
-¿USTEDES quiénes?
-Los varones
-No, no generalices.
-No, claro.
-Pero estás dando a entender que yo reproduzco un discurso que todos los varones de mi edad dicen, y que en unos años cambiaré
y para nada es así. Sabés, yo tengo los mismos ideales de cuándo era chico. Me acuerdo que mi mamá no me quería dejar tatuar
una imagen de un dibujito porque decía ‘cuando seas grande te vas a querer matar’, y hoy me lo haría, sin ningún problema
-(riéndose) No puedo creer lo que me decís, entonces sos muy cabeza dura. O no te gusta cambiar
-Puede ser. Por eso te digo que supongo que lo de los hijos será para siempre. 
Esto fue lo que más recuerdo de la charla. Luego, me bajé en mi parada, y el colectivo siguió, con los dos jóvenes arriba. 
Lunes 07 de Mayo
 Ese día había sido muy frío también. Realizaba mi camino rutinario. Subí al colectivo. Esta vez, no presté atención a los pasajeros,
recuerdo que estaba pensando en lo que le diría a alguien que vería al día siguiente. El colectivo inició viaje, mas yo estaba en otro lugar, 
sentado en el café frente de la facultad quizás, mirándola a los ojos. Luego de unos minutos, una voz destruyó mi mundo de fantasía. Era
una voz familiar. Tomé unos minutos para recordarla. Era la pasajera del viernes anterior, que nuevamente se había encontrado
con su compañero de los auriculares. Parece que nos vamos a ver todos los días, dijo ella. Yo creo que me estás persiguiendo, dijo él. En ese 
momento me pareció curioso que dos personas se unieran gracias a su horario laboral, aunque después me di cuenta que en realidad éramos muchos más:
allí estaba la señora teñida y el anciano ocupando el lugar de adelante. Seguramente el chofer fuera el mismo. También estaba yo. Éramos cinco personas,
con vidas diferentes, ideas distintas, pero unidas por algo. Me pregunté si alguno de nosotros había reflexionado lo mismo que yo, o si simplemente
se echaban a vivir. 
-¿Cómo te fue hoy?-preguntó ella
-bien, tranquilo.
-¿todo bien en la juguetería?- dijo con una risa sarcástica. 
-Por suerte, vi muy pocos nenitos hoy.
-El viernes me quedé pensando en nuestra charla sobre los hijos…
-¿En serio?
-Sí. En el momento te tomé como un loco, después me di cuenta que no era tan raro lo que pensabas. 
-No te creo
-¿Qué cosa?
-Que desperdiciaste tu viernes pensando en eso. 
-Un rato sí. Después salí a bailar, claro. 
-Es que mucha gente piensa como yo. 
-No sé, lo que sé es que en el secundario siempre fuiste raro.
-Me conociste muy poco. 
-No eras de hablar mucho.
-¿y por eso era raro? 
-Claro- dijo riéndose
-Son dos formas de ver la vida diferente y listo.
-Obvio, es que como dije, me encantaría ser madre en algún día. 
-¿y tenés con quién?
Se hizo un silencio sofocante en el colectivo. 
-Perdón si mi pregunta fue desubicada- dijo él.
-Para nada. Sí, tengo novio.
-¿Hace mucho?
-Cuatro años. Y estamos evaluando la idea de irnos a vivir juntos. 
-¿Cuatro años? ¿es el mismo con el que salías en la secundaria?
-Sí, Juan. 
-Era algunos años más grande que vos ¿no?
-Sí, tres años. A lo mejor en el secundario se notaba la diferencia, pero ahora somos iguales. 
-Me alegra que te esté yendo bien. 
-¿y vos? ¿vos seguís saliendo con la chica del otro curso?
-No, cortamos hace nueve meses. 
-Qué lástima. Vos estabas super enamorado.
-No sé si tanto. 
-No te hagas el superado. Eras un ángel cuando estabas con ella. 
-Si vos decís… - dijo sonrojándose. 
-¿y por qué cortaron?
-Porque nos peleábamos mucho, ya el último tiempo estaba inaguantable. 
-¿y ahora estás con alguien?
-Para nada. Disfrutando, sólo.
Y el colectivo llegó a mi parada, así que me bajé, pensando en que el miércoles volvería a verlos. 
Miércoles 09 de mayo del 2012
Esta vez llegué a la terminal unos minutos antes. El colectivo aun estaba estacionado en la plataforma alistándose para salir. 
La mujer rubia y el anciano aguardaban conmigo. No había mucha gente. Todos esperábamos ansiosos que abrieran las puertas, pues nos estábamos congelando.
El inspector subió a revisar el colectivo. Unos segundos después, vi a mi compañero de los auriculares acercarse a la terminal. Siempre me pregunté qué música escuchaba. Quién sabe. También me preguntaba qué sentía cuando lo hacía. Por qué se desconectaba de este planeta cuando se colocaba los auriculares. 
 El colectivero dio permiso de subir. Nuevamente el chico se fue al fondo, el anciano adelante, la mujer en el centro. Yo me senté en la hilera enfrente del joven. Un par de cuadras, y subió ella. Él la recibió preguntándole:
-¿Qué llevás en la mano?
-Películas, piratas. Las compré en la puerta de la facultad.
-A ver qué compraste
Tomó las películas y empezó a verla.
-¿Qué es esto? ¿”Arma mortal 4”? ¿”le venganza del robot asesino”?
-Sí, ¿qué tiene?
-Son películas de chicos
-Qué machista. ¿Por qué los hombres se creen los únicos que pueden ver películas de violencia?
-Por que sí, a las mujeres les tocan las románticas. 
-Sos machista. Y además compro estas películas porque son las que le gustan a mi novio
-Entonces la machista sos vos
-¿Por qué? 
-Porque hacés lo que él te pide. Él decide que película ven.
-¿Sabés que tenés razón?
Ella abrió la ventana, tomó los DVD y los arrojó a todos. Pude ver como rodaban por la calle, y como los autos los convertían
en partículas, en polvo, en nada. 
-Así está mejor, dijo ella. 
Viernes 08 de Junio
 Ver a mis amigos del colectivo ya se había vuelto algo habitual. Tenían charlas de lo más alocada. Hablaban de autos, televisión, moda, relaciones personales, películas, facultad, aveces, cuando no estaban inspirados, del clima. Ella aveces decía que su novio se vestía mal. Aveces lo criticaba por pasar mucho tiempo vistiéndose. Él contaba que su madre era insoportable. Nunca discutían por política, pero sí por qué personaje de Friends era mejor, o si Los Simpsons se volvieron aburridos en los últimos años. 
 Pero ese viernes 07 de junio fue algo diferente. Por primera vez, llegamos a la parada de la Facultad de Medicina y ella no subió. Él miraba de reojo, disimuladamente, si ella subía. Pero el colectivo arrancó, y no hubo rastras de la muchacha. El tomó el celular. ¿Le preguntaría pro qué no vino? no recordaba que hubieran intercambiado los teléfonos, pero después pensé, que ellos también se veían los martes y los jueves, días que yo no curso. Él guardó su celular en el bolsillo. Se colocó los auriculares. Ese día, sin duda, fue el viaje más aburrido para ambos. 
 Lunes 11 de Junio
 Ella subió. Caminó hacia el fondo. Se sentaron al lado. 
-¿Por qué faltaste el viernes?- preguntó con cierta indiferencia.
-No me sentía bien, pero ya estoy mejor. 
-Que bueno, ¿te la pasaste en cama el fin de semana?
-Más o menos, pero tuvo su lado muy positivo. 
-¿Qué pasó?
-Me voy a mudar a lo de mi novio.
-Que bueno. Me alegra, en serio. 
-Sí, en estos días vamos a armar todo lo de la mudanza. 
 Me preguntaba si en verdad a él le alegraba la mudanza. Si no sentía un poco de celos, tristeza, envidia, o si sinceramente se ponía contento por ella. 
Miércoles 13 de Junio
Este día, ella tampoco subió al colectivo. Fue su segunda falta. O quizás venía faltando muchos martes y jueves, y de eso yo nunca me enteraría. El chico escuchaba música en sus auriculares, el anciano siempre se sentaba adelante para  hablar con el colectivero, ya sea de football o de alguna noticia de actualidad, algún crimen policial, una catástrofe, un robo. La mujer aveces hacía llamados, y gritaba en voz alta. El colectivo se enteraba con quién se había acostado su vecina, o por qué la hija la hacía renegar tanto. 
 Ese día también me acuerdo que usé el celular para escribirle a mi querida. Con esto del colectivo, no estuve hablando con ella. Habíamos quedado que nos veríamos nuevamente en el bar en frente de la facultad. 
Viernes 14 de Junio
 Este día, mis amigos no tuvieron una charla muy profunda. Ella le mostró un anillo que le había regalado su novio, y, cuando Él la tomó de las manos para verlo, su compañera le dijo “tenés las manos muy ásperas”. 
-A lo mejor vos las tenés muy suaves- respondió. 
-Deberías usar crema
-¿Qué? ¿estás loca?
-No tiene nada malo
-No me digas que tu novio usa cremas
-Ahora vas a hacer otro comentario machista de que los hombres no usan crema ¿verdad? 
-No
Él se puso serio por unos serio por unos segundos, pero luego, una fuerte carcajada culminó con tal pantomima, y ambos empezaron a reír. Ella le dijo tonto, y le dio golpes leves con sus manos. 
Viernes 29 de Junio
 No había visto a ella durante todos los días siguientes. Tampoco mi compañero, pude suponer, que cada vez que parábamos en frente de la facultad de medicina, alzaba la cabeza disimuladamente para ver si su amiga subía. Sabía que algo andaba mal. Podía darme cuenta. 
Lunes 09 de Julio
 Ella sigue sin aparecer, pero ahora Él no mira hacia la facultad cuando paramos. Sabe que no va a subir, y se echa a escuchar música. Su música. En dos días comenzarían las vacaciones de invierno, por lo que no me cruzaría con mis amigos en el colectivo. El tiempo de las vacaciones lo usaría para ver a mi amada. 
Lunes 23 de Julio
 Ella subió al colectivo, y fue directo a saludarlo. Se abrazaron. “Te extrañé” dijo Él. Ella no decía nada, sólo lo abrazaba. 
-Los viajes se me hicieron eternos. 
-No te creo. Ni que te divirtieras tanto conmigo. 
-Por supuesto que sí, siempre hablamos de algo. Además me encanta pelearte. 
-Que simpático. Gracias, yo también te extrañé. 
-¿Ahora estás bien?
-Sí, igual no quiero que hablemos de eso- Dijo mientras se acostaba en sus rodillas- ahora solo quiero descansar. 
 Cerró los ojos.  En ese momento, yo también me uní a ella cerrando los míos. Pude imaginar las calles. Aunque no veía, cada vez que el colectivo giraba o hacía una maniobra, mi mente ilustraba el recorrido. Me di cuenta que conocía cada esquina, cada local. Me di cuenta que aunque estaba ciego, estaba viendo. Me bajé, por suerte, en la parada correcta. 
Miércoles 8 de agosto:
-Tuve que volver a mi casa- dijo ella
-¿Por? 
-Mi mamá me quiere cerca por cualquier cosa, mi médico le dio la razón. 
-Lo siento mucho.
-Estoy un poco triste por esto. 
-No te pongas así, ya vas a volver a mudarte. 
-No creo. 
-No digas eso. Él te quiere, y vos a él también. Van a volver, en serio, yo te lo prometo. 
Ella se quedó callada, y apoyó su cabeza en el hombro de su amigo. Las charlas eran cada vez más cortas, como si no tuviesen fuerza, como si tuvieran la voz cansada. 
 
Viernes 9 de agosto
 Cada vez que ella faltaba, yo temía lo peor. Sentía miedo, aunque no sabía con seguridad que era lo que pasaba. Ese viernes, la muchacha no subió al colectivo. Pude ver el rostro de tristeza de mi compañero cuando se colocaba los auriculares. Tomé de mi mochila, mi celular, y yo también me puse a escuchar música. Mi música. Fue recién en ese momento cuando pude comprender a mi amigo. Pude darme cuenta que la música me llevaba a otro lugar, a un mundo no tan crudo, no tan triste, no tan amargo. A un mundo más armónico, menos complejo. Mientras oía los suave violines en compás con la batería, comencé a mirar por la ventana. Presté atención a cada detalle, de cada equina. Ciento de personas. Vi dos niños pidiendo en un semáforo. En una esquina, un borracho con el que me sentí identificado. Una madre llorando desconsoladamente me conmovió ¿a quién no?La canción acompañaba aquella conmovedora escena. Una pareja de novios. Un matrimonio joven con un bebé. Un grupo de adolescentes. Una mujer embarazada. Un comerciante cerrando su local. Todo esto estaba detrás de la ventana. Yo no podía hacer nada, yo estaba acá, con mi música, con la nariz pegada al frío vidrio. De ese día, no recuerdo más nada. 


Viernes 31 de agosto
 Ese día salí de la facultad como siempre. Me llegó un mensaje de mi amada quejándose que últimamente no le prestaba mucha atención. Tenía razón, aquella historia del colectivo me había consumido todas las energías. Sin haber querido, yo formaba parte de aquella novela, y aunque quisiera no podía salirme. 
 Cuando llegué a la terminal, el inspector nos dijo que la Línea A estaba inhabilitada por el momento, pero que la Línea Z, por el día de hoy estaba haciendo el mismo recorrido. La mujer teñida, el anciano, el joven de los auriculares y yo, subimos al colectivo. El chofer esperó unos minutos, y finalmente arrancó. 
 Cuando llegamos a la Facultad de Medicina, Ella subió.  Él puso cara de sorpresa, y se paró a abrazarla. Los dos cuerpos se unieron y se hicieron uno. Vi caer algunas lágrimas de ambos. Tomaron el mismo asiento que habían tomado todos los días. 
-No deberías estar acá, dijo Él. 
-Ya sé. 
 Ella se acostó sobre sus rodillas. Él jugaba con el cierre de su campera. Lo abría y lo cerraba. 
Ella le preguntó si creía que había vida después de la muerte. Él le dijo con mucha seguridad, que era más que obvio que el alma es inmortal. 
 Recuerdo que el colectivo se detuvo en un embotellamiento: una comparsa, una murga o como se llame estaba invadiendo una avenida. Mujeres, hombres y niños bailaban al ritmo de la música festiva, o al menos eso pude ver a través de la ventana. 
 Luego se mantuvieron en silencio. Él apoyaba su mano sobre la frente afiebrada de la muchacha, y acariciaba aquella piel que no veía la luz del sol hacía mucho tiempo. 
 El colectivo se detuvo en mi parada. Supe, sin ninguna duda, que esta sería la última vez que vería a mis amigos. También supe, que a partir de la semana siguiente comenzaría a tomar otra línea de colectivos, aunque tuviera que desviarme un poco. Antes de bajarme, vi por última vez aquellos dos cuerpos que se mantenía inmóviles en las butacas. Pisé suelo firme, y me tomé unos segundos para ver como el vehículo continuaba su camino por la avenida. Un minuto más tarde, se perdió entre cientos de autos y colectivos, en la infinidad del mundo. Me pregunté si alguna vez volvería a cruzarme con Él y Ella. 

Cuento

Siento que soy el responsable de contar esta historia de amor. Creo, sin ninguna duda, que fui
la persona que estuvo en el momento exacto, con las personas adecuadas, y con la suficiente capacidad
de atención para presenciar tal demostración de afecto. 
 La historia comienza el viernes 02 de mayo del 2012. Recuerdo aun, el frío de aquella noche; cómo
intentaba de esconderme bajo mi bufanda, y como aceleraba el paso para que el trayecto de mi facultad
hasta la terminal de colectivos fuera más rápido. Hacía ese recorrido desde hacía ya un año, todos los lunes, miércoles
y viernes a las nueve y media de la noche. En la terminal, empieza el recorrido de la línea A, y la mayoría de las personas
que lo toman son estudiantes que no viven en la ciudad. En mi caso, mi hogar se encuentra en el límite de la ciudad
con los pueblos de los alrededores. Esa noche, tomé el colectivo como siempre. Estaba casi vacío. Sólo había un joven 
con auriculares sentado casi al fondo, una señora de cabello teñido de rubio ubicada en la mitad del colectivo y un anciano
que ocupaba el asiento de adelante. 
 Luego de que el vehículo arrancara, me puse a leer un ejemplar de “La Sonata a Kreutzer” de Tolstoi. La señora, pude ver,
frotaba sus manos para quitarse el frío, el anciano tosía fuertemente y el joven seguía escuchando su música, desconectado
totalmente del mundo en el que los demás nos encontrábamos. 
 En la primer parada, una chica de quizás veinte años subió. Tenía cabello rubio ondulado. En el momento, no alcancé a 
ver el color de sus ojos, pero no así el de su ropa que era de colores claros muy bien elegidos. Definitivamente,
tomaba mucho tiempo en vestirse, demostraba un perfeccionismo en cada detalle, desde los aretes que llevaba, hasta los cordones
de las zapatillas que se combinaban con los brazaletes y la cinta que llevaba en el cabello. Como cualquier persona, subió
con indiferencia al colectivo, pero recuerdo que esta indiferencia culminó con una sonrisa. Pero no una sonrisa de felicidad,
sino una forzada mezcla de alegría y sorpresa. Caminó hacia el fondo. Pude escuchar por primera vez su voz, que decía:
-¿Cómo estás?¡Tanto tiempo!
Una voz masculina le respondió:
-Muy bien, ¡que alegría verte! ¿qué hacés por acá? 
Sin darme vuelta, me di cuenta que no podía tratarse de alguien más que el chico de los auriculares. Era el único que estaba allí
sentado. 
-Muy bien-contestó ella- yo estoy volviendo de la facultad.
-Entonces estudiás medicina.
-Dentista
-Que bien. Está muy bueno ¿verdad? 
Noté que la chica, pese a que podía, no se había sentado al lado de su compañero, sino en el asiento de atrás. 
-Sí, está muy bueno, es muy difícil, y me la paso estudiando, pero la carrera me encanta. 
-Me acuerdo que a vos te iba muy bien en biología.
-Que memoria. 
-Y si vos me explicaste más de una vez, yo nunca entendía nada. 
-¿y vos que hacés acá?
-Empecé a trabajar. Hoy fue mi primer día. 
-¿si? ¿en dónde?
-En una juguetería.
-¡mirá vos! que divertido
-No tanto, no me aguanto mucho a los nenitos
-Que aburrido que sos
-Nunca me gustaron los niños chiquitos
-¿Por? son re tiernos
-A mi me parecen asquerosos, insoportables, una copia de nosotros mismos, pero si nosotros somos tontos, ellos son más tontos,
feos, sucios e insoportables. Y además, tienen la inmunidad de que pueden decir lo que quieran porque total son niños.
-Es que los niños son el futuro. 
-Nosotros somos el futuro, el presente y el pasado. 
-Hay, hablás como un político. 
El chico se rió. Hubo un silencio, y luego la muchacha le preguntó
-Entonces ¿vos no tendrías hijos? 
-No. Nunca. ¿Vos?
-En algún futuro, pero ahora soy joven 
-Por supuesto. 
-Y a lo mejor, vos en algún futuro, también quieras tener. Es obvio que ustedes no quieren tener hijos a esa edad.
-¿USTEDES quiénes?
-Los varones
-No, no generalices.
-No, claro.
-Pero estás dando a entender que yo reproduzco un discurso que todos los varones de mi edad dicen, y que en unos años cambiaré
y para nada es así. Sabés, yo tengo los mismos ideales de cuándo era chico. Me acuerdo que mi mamá no me quería dejar tatuar
una imagen de un dibujito porque decía ‘cuando seas grande te vas a querer matar’, y hoy me lo haría, sin ningún problema
-(riéndose) No puedo creer lo que me decís, entonces sos muy cabeza dura. O no te gusta cambiar
-Puede ser. Por eso te digo que supongo que lo de los hijos será para siempre. 
Esto fue lo que más recuerdo de la charla. Luego, me bajé en mi parada, y el colectivo siguió, con los dos jóvenes arriba. 
Lunes 05 de Mayo
 Ese día había sido muy frío también. Realizaba mi camino rutinario. Subí al colectivo. Esta vez, no presté atención a los pasajeros,
recuerdo que estaba pensando en lo que le diría a alguien que vería al día siguiente. El colectivo inició viaje, mas yo estaba en otro lugar, sentado en el café frente de la facultad quizás, mirándola a los ojos. Luego de unos minutos, una voz destruyó mi mundo de fantasía. Era una voz familiar. Tomé unos minutos para recordarla. Era la pasajera del viernes anterior, que nuevamente se había encontrado con su compañero de los auriculares. Parece que nos vamos a ver todos los días, dijo ella. Yo creo que me estás persiguiendo, dijo él. Esta vez, se sentaron juntos. En ese momento me pareció curioso que dos personas se unieran gracias a su horario laboral, aunque después me di cuenta que en realidad éramos muchos más:
allí estaba la señora teñida y el anciano ocupando el lugar de adelante. Seguramente el chofer fuera el mismo. También estaba yo. Éramos cinco personas,
con vidas diferentes, ideas distintas, pero unidas por algo. Me pregunté si alguno de nosotros había reflexionado lo mismo que yo, o si simplemente
se echaban a vivir. 
-¿Cómo te fue hoy?-preguntó ella
-bien, tranquilo.
-¿todo bien en la juguetería?- dijo con una risa sarcástica. 
-Por suerte, vi muy pocos nenitos hoy.
-El viernes me quedé pensando en nuestra charla sobre los hijos…
-¿En serio?
-Sí. En el momento te tomé como un loco, después me di cuenta que no era tan raro lo que pensabas. 
-No te creo
-¿Qué cosa?
-Que desperdiciaste tu viernes pensando en eso. 
-Un rato sí. Después salí a bailar, claro. 
-Es que mucha gente piensa como yo. 
-No sé, lo que sé es que en el secundario siempre fuiste raro.
-Me conociste muy poco. 
-No eras de hablar mucho.
-¿y por eso era raro? 
-Claro- dijo riéndose
-Son dos formas de ver la vida diferente y listo.
-Obvio, es que como dije, me encantaría ser madre en algún día. 
-¿y tenés con quién?
Se hizo un silencio sofocante en el colectivo. 
-Perdón si mi pregunta fue desubicada- dijo él.
-Para nada. Sí, tengo novio.
-¿Hace mucho?
-Cuatro años. Y estamos evaluando la idea de irnos a vivir juntos. 
-¿Cuatro años? ¿es el mismo con el que salías en la secundaria?
-Sí, Juan. 
-Era algunos años más grande que vos ¿no?
-Sí, tres años. A lo mejor en el secundario se notaba la diferencia, pero ahora somos iguales. 
-Me alegra que te esté yendo bien. 
-¿y vos? ¿vos seguís saliendo con la chica del otro curso?
-No, cortamos hace nueve meses. 
-Qué lástima. Vos estabas super enamorado.
-No sé si tanto. 
-No te hagas el superado. Eras un ángel cuando estabas con ella. 
-Si vos decís… - dijo sonrojándose. 
-¿y por qué cortaron?
-Porque nos peleábamos mucho, ya el último tiempo estaba inaguantable. 
-¿y ahora estás con alguien?
-Para nada. Disfrutando, sólo.
Y el colectivo llegó a mi parada, así que me bajé, pensando en que el miércoles volvería a verlos. 
Miércoles 07 de mayo del 2012
Esta vez llegué a la terminal unos minutos antes. El colectivo aun estaba estacionado en la plataforma alistándose para salir. 
La mujer rubia y el anciano aguardaban conmigo. No había mucha gente. Todos esperábamos ansiosos que abrieran las puertas, pues nos estábamos congelando.
El inspector subió a revisar el colectivo. Unos segundos después, vi a mi compañero de los auriculares acercarse a la terminal. Siempre me pregunté qué música
escuchaba. Quién sabe. También me preguntaba qué sentía cuando lo hacía. Por qué se desconectaba de este planeta cuando se colocaba los auriculares. 
 El colectivero dio permiso de subir. Nuevamente el chico se fue al fondo, el anciano adelante, la mujer en el centro. Yo me senté en la hilera enfrente
del joven. Un par de cuadras, y subió ella. Él la recibió preguntándole:
-¿Qué llevás en la mano?
-Películas, piratas. Las compré en la puerta de la facultad.
-A ver qué compraste
Tomó las películas y empezó a verla.
-¿Qué es esto? ¿”Arma mortal 4”? ¿”le venganza del robot asesino”?
-Sí, ¿qué tiene?
-Son películas de chicos
-Qué machista. ¿Por qué los hombres se creen los únicos que pueden ver películas de violenica?
-Por que sí, a las mujeres les tocan las románticas. 
-Sos machista. Y además compro estas películas porque son las que le gustan a mi novio
-Entonces la machista sos vos
-¿Por qué? 
-Porque hacés lo que él te pide. Él decide que película ven.
-¿Sabés que tenés razón?
Ella abrió la ventana, tomó los DVD y los arrojó a todos. Pude ver como rodaban por la calle, y como los autos los convertían
en partículas, en polvo, en nada. 
-Así está mejor, dijo ella.